miércoles, 2 de abril de 2008

La verdad como estigma del antipatico

afrontemoslo, a nadie le gusta que le digan la verdad.

no me voy a poner con filosofias baratas de "vivimos en un mundo donde la mentira es la reina y todos le rendimos pleitesia" y mariqueras asi, pffff, creo que seria de lo ultimo que lo hiciera. estoy hablando cuando uno va y en la cara de alguien, frente a esa persona, planteas una verdad que a lo mejor suene dura, que nadie se la diga, que nadie se atreve, pero que esta alli y alguien tiene que hacer el trabajo sucio.
y que pasa con el que realiza dicho trabajo sucio?, imediatamente es tachado de odioso, antipatico, asocial, pedante y demas epitetos similares que bien pudieran conformar un solo concepto aunque en el fondo sean diferentes.
claro esta, hay formas muy prudentes de decir las cosas, que no precisamente tienen que traer un matiz oculto o sin terminar de decir las cosas, una cosa es ser honesto y otra muy diferente ser impertinente. antes, trataba de decir las cosas lo mas visceral posible, predicando una honestidad algo extrema que en poco me beneficiaba. a lo largo de los años aprendi que una actitud asi es propia de los niños, que dicen las cosas sin medir las consecuencias. ser adulto no necesariamente significa ser hipocrita, sino que hay que saber como, cuando, donde decir las cosas, para evitar caer en situaciones incomodas e indeseadas.
la delgada linea que hay entre la honestidad y la antipatia, es la misma pienso yo que hay entre la hipocresia y el halago.
ya son varios los casos donde me he conseguido gente a la que no le gusta que le digan la verdad, y siempre repiten la misma patologia: negacion, resignacion y aceptacion, en un orden tan esquematico que no espeta edad, color, raza o sexo. solo la verdad crea respeto, y el respeto crea confianza.
cambio y fuera...

3 comentarios:

Calíope dijo...

Genéticamente hablando el hombre está programado para descubrir verdades, para hacerse interpelaciones, interrogantes y responderlas, sin embargo, nos encanta ese juego de esconder la cabeza en la arena y hacer de cuentas que nuestro reducido espacio de 4x4 resume todas las veracidades absolutas.

Aunque parezca trillado, a pesar de que nuestros tiempo exigen que se nos hable con honestidad, a nadie le gusta la verdad. Por ejemplo es preferible creer en conspiraciones, tramas noveleras, y que nos ocultan algo, así como el destino, la fuerza que hace que las cosas pasen, casi, casi, vivir en la incertidumbre del…”será que…” , que asumir la realidad, que probablemente todo sea una simple cuestión de suerte, una casualidad cósmica, que por muy escabrosa que suene sea lo único que hay.

Por eso adornamos, mentimos y falsificamos, para no hacernos daño, y definitivamente no hacer daño a otros.

Amigo mío, antipático no eres, brutalmente honesto, quizás, como yo, pero es preferible eso a vivir engañados, tal vez un poco menos ingenuos, pero al menos no sumidos en mentiras.

“LA VERDAD OS HARÁ LIBRES”, dice la Biblia, yo le agrego:“RELATIVAMENTE HABLANDO”

victor dijo...

Creo que todo se trata de diplomacia. Ser sincero sin ser tan frontales.

Calíope tiene razón. El ser humano es ocioso por naturaleza, de ahí vienen todas las ciencias y las religiones. Sabio aquel que dice que la ociosidad es la madre de las virtudes. ¡Amén!

Juniper Girl dijo...

la verdad es el espejo del otro.

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