domingo, 24 de abril de 2011

¿Media naranja?

Desde que somos niños, a hombres y mujeres por igual nos inculcan de diferentes formas que hay una persona ideal para nosotros, que en algún lugar del mundo existe nuestra contraparte romántica con la cual seremos felices desde el momento en que la conozcamos y estemos con esa persona.
Por mi parte no solo mis experiencias en el tema me han hecho dudar de dicha premisa, sino también de las ajenas (con las cuales he aprendido tanto como de las propias). Con esto no estoy diciendo que este negado a la posibilidad de que exista algo que muchos denominan amor de pareja y que no es más que la sensación de comodidad y felicidad que se siente junto a la persona con quien estemos.
Decir que solo existe una persona con la cual podremos ser felices es absurdo desde todo punto de vista. Primero porque siempre habrá alguien con quien nos sintamos mejor que con la persona con quien en ese momento estemos, que esa persona no esté al alcance de nosotros es otra cosa (ya sea que nunca conozcamos a esa persona por razones de tiempo, de distancia, etc.) pero de allí a pensar en un amor idílico como en los cuentos de hadas es algo por demás de loco, sin sentido.
Si cada uno de nosotros fuese un ser que no cambiara y que no estuviese en constante evolución, pues podría pensar en que algo así fuese posible, pero todos y cada uno de nosotros cambiamos y somos diferentes personas a medida que pasa el tiempo, nuestras prioridades cabían con esa evolución y tal vez lo que vimos de esa persona cuando se presentó en nuestras vidas sea ahora motivo de hastió y repulsión para quienes somos hoy en día.
Quienes piensen que estoy siendo muy cínico escribiendo esto, o que lo hago solo por el hecho de no haber conseguido aun a alguien que me de esa sensación, pues ni les daré la razón ni tampoco los contradeciré. En mi caso sé que no podría estar con una mujer que no tenga esa misma visión de cambio y evolución, aparte de una búsqueda constante de una sabiduría que solo el tiempo y las experiencias dan. Cuando lo logre, sé que seré un hombre afortunado.

miércoles, 20 de abril de 2011

Atraco perfecto en autobus

Durante el apagón y caos que hubo recientemente en la ciudad capital, entre todo el caos que viví para llegar a casa y que no relatare por lo tedioso que fue, fui testigo de un evento del cual había leído varias veces en épocas recientes, pero que no había presenciado en carne propia hasta ese día.
A la altura de la Plaza Francia (o Altamira), en el autobús que tuve que agarrar porque el metro aun no funcionaba, se montaron dos chamos de mediana edad, ejecutando la ya clásica estrategia de colocarse uno en cada extremo de la unidad, para luego el que esta adelante comenzar a hablarles a todos los que íbamos en el autobús. Evidentemente que a esas alturas me vi ya atracado (de nuevo) y comenzaba mi típico (en esos casos) sentimiento de frustración y rabia. Para mi sorpresa el carajo que está en la parte delantera lejos de sacar un arma o algo, comenzó una cantaleta de que no habían subido a robar sino a pedir colaboración para un compañero de ellos que había muerto, que ellos estaban recién saliendo del retén de La Planta, etc. Lógicamente que la gran mayoría de los presente dimos la respectiva “colaboración” y luego de eso se bajaron sin antes dar un “gracias” que sonó tan hipócrita como la risa que llevaban al bajarse.
Luego de todo el episodio, me puse a pensar más fríamente en lo que había sucedido, y la verdad es que los carajos dentro de su mundo delictivo, son unos totales y reales genios de negocios, terroristas también, pero genios.
Primero porque nunca sacaron un arma, jamás alzaron la voz ni amenazaron a nadie, todo lo que sucedió lo lograron solo con la intimidación que infringieron al montarse y hacer su “show”. De hecho, dudo mucho que siquiera fuesen ex-presidiarios como clamaron ser. Lo más importante, si la policía los agarraba (lo cual podía pasar porque había varios no muy lejos de allí) no hubiese tenido nada contra ellos, ya que solo se cargaron de dinero sin celulares, joyas o carteras como si de un atraco real se tratara. La gente en su estado, no dio la típica colaboración que dan por ejemplo a alguien para medicinas, sino que en su miedo dieron billetes de 5 Bs en adelante (yo di uno de 5 Bs y me negué mentalmente a sacar la cartera donde si tenía mucho más).
No sé si realmente estemos en presencia de un nuevo modo en el que la delincuencia esta actuando, haciendo estudios de donde robar o no, pero dentro del susto me pareció una cosa bastante curiosa y fuera de lo común dentro de esas situaciones.
¿Fui suertudo? Tal vez, ¡y espero no averiguarlo una próxima vez!

miércoles, 13 de abril de 2011

El insulto de cortesia

“Epa masca prepucio, ¿como está la vaina?”
“Bien maricon de playa, a ver si le dices a tu esposa que se comporte bien, anoche no me hizo un mamerto como las otras veces”
“Es que tu mama es la que lo hace de maravilla, todos lo dicen”

Esta no es una conversación entre dos tipos que comienzan a pelear en un bar, sino una conversación típica entre dos amigos venezolanos de suma confianza, un lunes en la mañana (por ejemplo) antes de comenzar a contarse asuntos de relevancia en ese momento.
Parece mentira pero en los últimos tiempos se ha puesto tan de moda una especie de insulto cortes entre los hombres venezolanos, que quien no lo hace está infringiendo una especie de regla en cuanto a relaciones interpersonales de confianza. Sino, vean como miramos a quien no nos siga la corriente cuando comenzamos con ese ritual o peor aún, como miramos a quien no lo haga.
Por supuesto que todo es dentro de unos límites pre-fijados: cierta confianza que solo da el trato durante varios días, decir todo en un tono de jodedera que se perciba, no hacer bromas que se sepa molestaran de forma seria al involucrado, entre otras tantas.
Por supuesto no todo el mundo es adepto a este tipo de demostraciones de afecto, y es precisamente esa gente la que termina por ser etiquetados de “muy serios” en el mejor de los casos.
Caso aparte es el “marico” el cual entre nosotros los hombres venezolanos deja de ser un insulto y se convierte en sinónimo no declarado de “pana” o similares.

domingo, 10 de abril de 2011

"Hola, quiero conocerte, no cojerte..."

Durante miles de años, hombres y mujeres nos hemos tratado de una manera específica cuando se trata de conocernos. Esta por supuesto ha ido cambiando con el paso del tiempo y muy seguramente seguirá cambiando a medida que este pase.
Por diversas razones, las mujeres tienden a ser más pragmáticas a la hora de que alguien se les presente en sus vidas, ya que fuese por experiencias anteriores propias o ajenas, o por esa desconfianza que nos hemos ganado los hombres a lo largo de los siglos. En la mayoría de los casos ellas suelen estar a la defensiva hasta que por x o y razón damos muestras de las intenciones que tenemos (al menos las iniciales) y de allí en adelante actúan.
No digo que eso sea bueno o malo, simplemente que es así. Y lo menciono porque últimamente he conocido mujeres con las cuales no tengo otra intención más que de trabajar con ellas o de ser su amigo (las malas intenciones y el ataque no lo desperdicio allí, lo dejo para otras) y están se muestran recelosas de que eso sea así.
Tampoco mi intención es evangelizar o tratar de cambiar algo que es casi imposible de cambiar, pero si me doy cuenta que es otra muestra más de lo extrañas que pueden ser algunas cosas que vemos ya como cotidianas o normales.

miércoles, 6 de abril de 2011

“¡Si yo fuese mujer seria tremenda puta!"

Una de las frases que más he oído es la típica frase que dicen muchos hombres cuando se trata de evaluar superficialmente lo que es la vida de una mujer, y hoy la escuche a un compañero de trabajo maracucho en la hora del almuerzo.
“¡Si yo fuese mujer seria rolo de puta!” sería algo así como que una de mis frases más oídas desde que soy adolescente, y también una de las más estúpidas y sin sentido. No con esto quiero fijar una posición ante uno u otro “bando” de una pelea tan ilógica como falsa en el fondo (no soy ni machista ni mucho menos feminista, ambos son extremos que no quiero ni rozar).
He escuchado esa frase a gente de todas las edades, y sigo sin entender completamente la lógica en el fondo de la misma. Se supone que quien dice eso saca una cuenta muy rápida de que siendo mujer, tendría a los hombres que quisiera con solo pedirlo, y así brindarse todo el placer que como mujer supuestamente no tiene por reprimirse (ahora que lo pienso, este pensamiento tiene una connotación homosexual).
Quien suelta esa frase como si estuviese diciendo “tráeme dos canillas y un campesino” olvidan que al ser mujer tendrían otra crianza, otras experiencias, otro tipo de pensamiento y por ende otro criterio a la hora de hacer algo así o no. A menos claro está, que estemos hablando de un cambio de la noche a la mañana con el pensamiento que un hombre ya adulto tendría, no hablando de cambios de sexo, operaciones raras ni nada de eso, simplemente un cambio inmediato y ya.
Cuando le dije eso al maracucho, se quedó pensando y me dijo “marico, si me pasa eso me meto a lesbiana y ya” lo cual dentro de lo bizarro ¡tuvo hasta algo de lógica!

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