lunes, 30 de mayo de 2011

Como choqué con la madurez corporal y descubrí que no soy Benjamin Button, en 3 simples lecciones

Una de las cosas más espantosas de descubrir que estamos poniéndonos viejos es revelar que ese aire de inmortalidad del que tanto abusamos cuando atravesamos la década de los 20 era solo una resistencia al uso y al abuso de nuestro propio organismo, el cual nos comienza a pasar factura una vez que cruzamos el umbral de los 30.
Digo esto porque aunque hoy en día a mis 34 años puedo hacer muchas de las cosas que calificarían como uso y abuso, ya no las puedo hacer ni con la frecuencia de antaño y mucho menos con la intensidad de la década antes mencionada.
Así, antes podía perfectamente irme a rumbear toda la noche y estar en la universidad o el trabajo tan fresco como una lechuga a la mañana siguiente (en la época de apogeo de los raves me iba a rumbear toda la noche y llegaba a la universidad a beberme 3 nescafe de un sopetón) hoy en día hacer algo así es casi inaudito, habiéndolo hecho por última vez hace como 3 años atrás y recordando ese día como uno de los más largos, fastidiosos y pesados de mi vida laboral.
Otra cosa son las comidas. Recuerdo perfectamente los atracones que me daba cuando llegaba a casa de madrugada luego de rumbear, o sino aquellas orgias de comida chatarra que sin piedad engullía luego de salir de un concierto, local, fiesta o fandango. Recuerdo que era casi una tradición prepararme un suculento bistec a golpe de 3 o 4 am al llegar y llenarlo con toda clase de salsas y demás. Ahora basta y sobra con que me coma una triste chuleta a las 8pm para que los gases y la pesadez me hagan arrepentirme seriamente y busque un alka seltzer con urgencia.
Lo que sí ha cambiado para bien ha sido mi capacidad para aguantar el alcohol, aunque con ciertas condiciones. Antes podía embriagarme muy fácil con algunas cervezas así hubiese comido un banquete o solo tuviese una galleta en el estomago; y fue así que comenzaron algunas de mis borracheras mas épicas. Hoy en día, si estoy bien comido puedo beber y no rascarme sin ningún problema, la cosa esta en que si no como puedo emborracharme muy rápido y esa ha sido la razón de dos peas bien penosas entre el año pasado y este.
Sé que estos cambios son solo el principio de muchos que me vienen por esa razón, está en mi el que dichos cambios no me afecten tanto mentalmente como pareciera ser que lo hacen, incluso más que físicamente.

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