jueves, 26 de mayo de 2011

El espacio que falta y sobra (reflexión solitaria)

El reloj corre, el tiempo avanza, mensajes vienen y van, correos vienen y van, la vida pasa y sin embargo siento que hay algo que me falta, ¿será que te extraño?
¿Qué extrañamos de alguien cuando está ausente? ¿Lo que nos produce su compañía? ¿Lo que nos convertimos cuando estamos con esa persona? ¿O simplemente todo eso aunado a que queremos estar con esa persona el mayor tiempo posible y se nos hace muy difícil caer en cuenta que está lejos física, mental o espiritualmente?
Extrañamos a alguien cuando se va, cuando está lejos, pero también cuando está más cerca que nunca de nosotros y sin embargo no existe ese mismo vinculo de cercanía que siempre sentimos que hay, cuando el mundo de esa otra persona simplemente pareciera que girara en diferente orbita a la de nosotros o cuando simplemente vemos que esa conexión que tan bien nos hacía sentir está disminuyendo o simplemente jamás existió y solo queríamos creer que si existía.
La rutina y el día a día parecieran a simple vista ser los remedios ideales para combatir tal sentimiento, pero no hace sino acentuar su existencia y hasta en casos extremos incrementarlo, una de las tantas cosas ilógicas pero ciertas que existen en la vida.
No queda otra más que la aceptación o la resignación, hermanas siamesas que van de la mano siempre, primas lejanas de la negación y la decepción, y amigas muy cercanas de la realidad.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

100% veridico, ¡excelente post Carlos!

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