martes, 5 de julio de 2011

¿Bicentenario? ¿bicentenario de que?

Durante todos estos días hemos estado viviendo un frenesí patriótico con la conmemoración de los 200 años de la declaración de independencia del país. Todo esto ha despertado en todo el país (muy independientemente de la tendencia política que se siga) un sentimiento nacionalista que en algo hacía falta en tiempos tan turbulentos como los que vivimos.
Todo lo anterior pudiera exponerse como positivo si no fuese por el matiz político que de ambos bandos de lo que hoy en día se conoce como política y que no es más que la radicalización de las posiciones, le han dado a la misma. Por supuesto el gobierno se ha dado a la tarea de vendernos la idea de una patria que nunca fue completamente soberana en estos 200 años, y que increíblemente (gracias a ellos claro está) nos estamos librando de lo que sería el nuevo yugo esclavizador: el consumismo y el dominio imperial.
En mucho me parece un descaro oír y leer semejantes sandeces, pero es mi opinión y tal vez no concuerde con mucha gente (aunque si lo haga con otro tanto), sobretodo de un gobierno que se ha dado a la tarea de reclamar una no injerencia sobre asuntos internos (en aras de esa misma independencia de la que hoy gozamos) cuando a leguas podemos notar la misma injerencia de este gobierno en otras naciones y gobiernos (Perú, Bolivia, Nicaragua, Honduras), cuando no de acontecimientos que desde lejos tienen un cartel virtual de “ese no es nuestro peo” (Libia).
Por otro lado, está la exagerada (en mi opinión) exposición a los acontecimientos de hace 200 años, como si estos realmente hubiesen sido producto de un fervor heroico. Nos hemos criado casi adorando las figuras de Bolívar, Miranda y similares, y sin querer quitarles el mérito que merecen, ¿no es suficiente con que ya formen parte de la historia del país? ¿Por qué ese exagerado culto a figuras casi exaltadas a lo divino? Mucha gente desconoce que cuando comenzaron las revueltas en Latinoamérica, Napoleón Bonaparte invadió España (entre los años 1808 y 1814) colocando en aprietos a la corona española, quien según he leído estaba dispuesta a capitular y dejar independientes a las colonias en aras de concentrarse en ganar la guerra, por lo cual no es ninguna casualidad que las independencias de los países latinoamericanos tengan cercanías de fechas puesto que todos aprovecharon esa coyuntura para poder hacerlo. Esto por supuesto, no le quita merito a las acciones de los hombres que hicieron posible dichas proclamas, pero si les da un aire más lógico y menos heroico en mi opinión, acercándolos más a lo humano y dejando de lado que no eran ningunos mártires de ese concepto tan voluble como lo es el de “Patria”.
Tal vez la historia hubiese sido otra si hubiésemos tenido un proceso de independencia menos sangriento y más acorde con lo que hubiese sido el reconocimiento de naciones emergentes que solo querían su libertad de actuar. Lamentablemente la historia nos ha mostrado que pocas (muy pocas) veces esto sucede y que la libertad no se gana sentado esperando a que llegue.
¿Culto a los héroes de la patria? No gracias.

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