martes, 2 de agosto de 2011

El trabajo y la casa: rocha para ir y venir y de cómo uno influye en el otro

Viviendo donde vivo ahorita todo me ha quedado lejos literalmente durante gran parte de esta vida. Creo que lo único que tuve cerca fue la escuela primaria donde curse (2 cuadras) porque de allí en adelante todo el resto de mi ciclo educativo y luego de eso el laboral, han sido en lugares muy distantes de este mi hogar.
Experiencias en cuanto a formas para llegar a lo que fueron mis casas de estudio y mis trabajos en esta vida tengo en cantidad y variedad: con carro propio, con carro ajeno, en taxi, en camioneta, en autobús, en tren, en metro, en bicicleta, etc., aparte de las zonas que van desde lo más cercano (mi liceo, a 15 minutos en camioneta de mi casa) a lo más lejano (mi experiencia en una semi-conocida web de venta de autos cuya sede estaba en el final del Paraíso en Caracas). Digamos que esas experiencias me han hecho apreciar cuando un trabajo tiene fácil acceso o prepararme mental, física y anímicamente para cuando no es así.
En mi trabajo actual, comencé en la que ahora es la antigua sede ubicada en la zona industrial de La Urbina en Caracas. Para llegar allá me tomaba (minutos más, minutos menos) un promedio de dos horas y media que se distribuían en: 20 minutos en ir de mi casa al terminal del tren, 40 minutos en ir del terminal del tren a caracas, media hora en ir de la estación La Rinconada del metro a la estación Plaza Venezuela, 30 minutos más en ir de Plaza Venezuela a la estación Los Dos Caminos y luego de allí tomar una camioneta que me llevaba de allí a La Urbina (donde me quedaba en una parada a unas 3 cuadras de la que era nuestra oficina).
Por supuesto los primeros días fueron literalmente agotadores para mí. Recuerdo que varias veces tuve que pararme de mi cubículo a mojarme la cara, caminar un poco, entre otras técnicas para quitarme el sueño; porque literalmente me estaba durmiendo. Fueron meses en los cuales poco a poco me fui adaptando al nuevo ritmo y aun así siempre me costó llegar no muy atrasado en horario o comenzar a trabajar con ánimo alto.
Pero todo eso cambio, ya que la oficina fue mudada de allí hace ya unas 3 semanas a un punto estratégico en el (geográficamente) céntrico Chacao. Para quien esto escribe no solo fue un alivio ahorrarse 3 estaciones de metro, sino además de eso el trajín de tomar otra camioneta para llegar y aparte de eso caminar esas 3 cuadras que siempre me parecieron gigantes. No solo mi horario ha mejorado con el cambio, sino que además llego de mucho mejor humor tanto al trabajo como a la oficina en las mañanas, con más ganas de trabajar y con más y mejor disposición a realizar mis labores.
Quien diga que de pequeñas cosas no están hechas las más grandes solo tiene que ver que en este ejemplo no solo es cierto sino que se cumple a cabalidad.

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