viernes, 5 de agosto de 2011

Jely y el materialismo

Desde que Jely es una niña, he tratado yo mismo (mas allá de lo que pueda aprender del resto de mi familia) de inculcarle valores que superen a los típicos “se buena con los demás” o “los dientes de arriba se cepillan hacia abajo”. Así me he visto envuelto en conversaciones casi épicas con ella referentes a tan diversos temas que darían para un libro entero: religión, política, relaciones humanas, música y un muy larguísimo etc. han sido temas en los cuales le he tratado de hacer ver mi punto de vista (mas no imponer, cosa que me he propuesto fervientemente a no hacer) mediante un dialogo honesto y sincero, logrando en muchos casos que ella entienda por qué hago algo o pienso de determinada manera, y en la mayoría de dichos casos teniendo éxito en transmitirle esas ideas o criterios sin necesidad de imponérselos a la fuerza (aunque en religión y música no doy pie con bola con ella).
Uno de esos temas es precisamente el del materialismo, o lo que es lo mismo, ese afán por conseguir bienes materiales más allá de todo raciocinio y lógica
Creo prudente aclarar que aunque no sea la persona más materialista del planeta, tampoco tengo un pensamiento pseudo-marxista renegando de aquello que podamos comprar con el vil y cochinamente bien ganado dinero.
En ese sentido el recuerdo más vivo con el que puedo ejemplificar lo que digo sucedió hace algunos años en el CC Sambil (ironías aparte), caminábamos ella y yo (recuerdo bien) por el pasillo del nivel diversión cuando me contaba acerca de cómo había pasado de grado (eso si no lo recuerdo) y que porque había pasado con buena nota tenía que a juro comprarle un regalo. Esto hizo mella en mi cerebro y antes que mi neurona de padre-consentidor se activara, me senté con ella y le explique de forma sencilla pero concisa, que no porque saliera bien en una materia iba a tener un regalo a juro y porque si, que si bien regalarle algo pudiera ser un premio a su esfuerzo y tesón en ese sentido, que no esperara que eso siempre iba a ser así porque era sencillamente imposible. Al principio de la conversación me miro muy extrañada, como tratando de entender mi explicación frente a algo que a ella le parecía lógico (que tuviese un regalo automático por sus notas) pero luego de un rato en su rostro se dibujó una cara de raciocinio y luego de eso al decirme que había entendido lo que trataba de explicarle, supe que me había hecho entender.
Jely creció, y si bien ahorita es en muchos sentidos como cualquier chama de su edad, al menos no está carcomida por el gen de la posesión a toda costa. Cuando ha pedido algo lo ha hecho pensando seriamente en si se puede o no adquirir con los ingresos que en ambos lados de la familia tenemos, jamás se ha vuelto malcriada frente a una petición no satisfecha y más bien lejos de eso ahora que se le está inculcando el sentido del trabajo responsable (a través de unas “pasantías vacacionales” en la oficina donde trabaja mi prima) está teniendo noción de lo que día a día vivimos nosotros como adultos (tanto en stress como en cansancio) aparte de un sentido del ahorro con lo que ella está ganando allí (no es mucho pero al menos alcanzara para darse un par de buenos gustos durante estas vacaciones).

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