domingo, 28 de agosto de 2011

Vacaciones 2011: Choroni (Drag me to heaven)

Choroni siempre ha sido un destino importante a la hora de decidir dónde ir en días libres o si quiero pasar un día en la playa solamente. Por razones más de trabajo que otra cosa, tenía literalmente años sin ir (de hecho casi 3 para ser exactos) y aunque había leído y oído comentarios de lo cambiado que estaba el pueblo, dichos comentarios no hicieron mella en mi para elegirlo como destino para pasar algunos días de mis cortas pero merecidas vacaciones.
Fui con la mejor compañía que pude tener para un viaje así: mi hija. A priori cualquiera diría que me estoy poniendo viejo e idioteces así, pero aun sonando mentiroso disfruto mucho la compañía que ella me da, no solo porque la conozco como si literalmente la hubiese parido, sino porque ya está lo suficientemente grande para no preocuparme de carajitadas como si comió o no quiere comer, de que se pierda o algunos de esos dilemas de los niños y niñas cuando que cuando están muy pequeños pueden convertir una salida en una literal pesadilla (yo me los cale y aunque me llenaron de lecciones, no fueron nada fáciles ni bonitos de vivir).
El martes muy temprano partimos rumbo a Maracay (punto obligatorio para ir a Choroni) y si algo evidencie en este punto es que la parte del viaje de Maracay a Choroni no ha evolucionado en nada, por el contrario, gracias a los choferes se ha vuelto más difícil de soportar. En el viaje de ida nos tocó un chofer que no solo se creía dueño del camino, sino que de paso se paró unas 5 veces (para ir a la farmacia, para saludar a otro chofer, para comprarse unas galletas, etc.) aparte de que le malandreaba hasta a los policías por el camino, todo un ejemplo de civismo.
Llegamos a Choroni el martes alrededor de la 1 pm, y luego de instalarnos y descansar en la posada, un paseo por el pueblo y por la playa fueron la actividad siguiente. No quería meterme al mar tan pronto puesto que quería dejar eso para todo el día siguiente, muy a pesar de las protestas de la susodicha carricita quien hasta sin ropa se quería meter al agua. Luego de comer y pasear la posada fue el lugar ideal de descanso, puesto que aparte de las comodidades normales de un sitio así, un balcón privado con un chinchorro literalmente pago el precio completo de la estadía, con la brisa de la noche como acompañante, el sonido del viento moviendo las hojas de los arboles (además de música de Brian Eno), me instale esa noche a leer echado en el chinchorro mientras la sauria veía sus novelas nocturnas, momentos asi son los que evoco cuando estoy stresado.
El siguiente día fue de estar literalmente en la playa, puesto que nos fuimos bien temprano (luego de un excelente desayuno en la posada) para instalarnos en la mejor zona de playa grande. Quería ir a Chuao pero en lo que Jely supo que el viaje se hacía en lancha su entusiasmo inicial se transformó en resistencia a (cita textual) “subirnos en un barquito de esos que parecen de papel y se voltean de la nada”. Luego de instalarnos en playa grande y de chocar con el concepto que tiene Jely de relax en la playa (para mi alternar entre echarme al agua o echarme en una silla extensiva a leer o escuchar música chévere, para ella estar todo el santo día en el agua) me di cuenta que para su edad, Jely posee ya un instinto cuaimil desarrollado, puesto que bastaba con que me viera charlando con una chica/mujer en la playa para que abandonara su estado de sirena y corriese a mi lado a averiguar con quien estaba charlando, cosas increíbles que no dejan de sorprenderme. Luego volver a la posada para cenar y de nuevo relajarnos, esta vez teniendo una de las más maduras conversaciones que he vivido con ella, haciendo un repaso detallado de mis ex novias y afines, contándole cosas que ella no sabía por ser muy niña cuando sucedieron.
El jueves luego de otro suculento desayuno, nos adentramos en la playa muy temprano para luego a mediodía regresar a la posada y preparar nuestro regreso, el cual por supuesto no estuvo exento de peculiaridades esta vez de parte de la rocola musical del chofer de turno, la cual dejo en evidencia que la salsa baúl no es lo mío, y de que Jely tiene una resistencia enorme a las curvas del camino a Choroni.
Fue un viaje poco planeado (como me gusta hacerlos) pero que disfrute cada momento, detalle y circunstancia junto a una de las personas más importantes para mí en estos momentos de esta vida: mi hija Jely. Agradezco con toda honestidad la atención personalizada que tuvo con nosotros el dueño de la posada Los Mujica, el señor Claudio Mujica, el cual se esmeró en que ambos la pasáramos de lo mejor y de que no faltara nada, sin duda alguna recomiendo ese lugar y sin duda alguna tampoco digo que volveremos a verlo.

0 comentarios:

Publicar un comentario

T Facebook Favorites More

 
Powered by Blogger