viernes, 27 de enero de 2012

Jely: el dilema del ser padre frente al dilema del ser hijo

En estos momentos no existe un enemigo más acérrimo en la relación con mi hija que su desorden y descuido hacia varios temas. Tal vez solo sea un choque generacional, tal vez sea una colisión entre su desidia y mi atención a los detalles, tal vez sean varias cosas o una sola a la vez, lo cierto es que ese ítem en particular se ha convertido en los últimos tiempos en el detonante perfecto para unas peleas épicas que dejan al Mortal Kombat como un picnic de domingo.
Enfrentamientos de esa índole no son algo completamente ajeno a lo que he vivido; con mi padre los tuve, los tengo y muy seguramente los seguiré teniendo a lo largo de lo que quede en vida en común entre ambos. Solo que ahora me toca ver esas diferencias desde una perspectiva diferente, como muchos asuntos de los que he reflexionado en mi vida en común con Jely.
Cuando algo así sucede, siempre trato de ponerme en los zapatos de hijo y así tratar al menos de entender el porqué de las cosas para darle al menos una solución un poco más contundente que el solo hacerlo por hacerlo.
En este caso trato de recordar las peleas que tuve en mi adolescencia con mi padre acerca de mi forma de vestir y de llevar mi cabello. Fueron peleas muy amargas y poco saludables las que tuvimos en aquellos días, y aunque este no sea ni por asomo el mismo caso, al menos trato de ver que tanto puedo sacar de lo que pensaba en aquella época para que nos enfrentáramos de esa forma.
Recuerdo que en aquella época no entendía el afán de mi padre por querer cambiarme de esa manera cuando para mí solo era una mera cuestión de aspecto, colocándolo el como si fuese algo primordial en la vida de una persona. Al final ni yo ni el tuvimos la razón ni estábamos equivocados, digamos que descubrí que había aspectos en los que tenía razón él y otros donde yo la tenía. Lo que si recuerdo es que muchas veces me descubrí a mí mismo cometiendo tales acciones solo para sacarle la piedra.
No sé si este sea su caso, lo dudo. A diferencia de mi padre y yo, con Jely llevo una comunicación impecable, al punto de que nos contamos muchas cosas que no compartimos con nadie más y nos consideramos tan amigos como padre e hija. Es mi deber (y así lo hare) seguirle comunicando de una forma no gritada (aun cuando me cueste) la importancia de ser más responsable y cuidadosa con sus asuntos, ya sea algo tonto como dejar la tapa de la laptop abierta como algo importante como sus tareas y deberes.
No sigue siendo fácil ser padre, y cada día se pone más complicado.

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