martes, 21 de febrero de 2012

Intolerante a la intolerancia, o entendiendo él porque del sectarismo

Si hay algo a lo que me he vuelto intolerante en los últimos tiempos es a la misma intolerancia. Es un sentimiento irónico y que realmente pudiera tener diferentes lecturas, pero si, el caso es que cuando me topo con alguien cuyo sentido del raciocinio se sustenta en solo lo que conoce o cree conocer, pues es allí cuando mi mas arraigado sentido de intransigencia hacia ese mismo sentimiento es expresado.
La semana pasada luego de las publicitadas primarias de la oposición venezolana, me tope en Facebook (una mina para este tipo de casos) con las publicaciones de una persona de mi pasado totalmente en contra de dicho acontecimiento. Realmente me llamaron la atención porque esta mujer en particular jamás había expresado posición política alguna mientras estábamos más en contacto. Estando en línea le hice un comentario acerca de este hecho, sin ningún fin más allá de saber si realmente tenia esos ideales o solo lo hacía por mero troleo. La respuesta que me conseguí no me sorprendió por lo que me decía, sino la forma. Luego de corroborar que si era del bando del gobierno, me pregunto si yo también era un ciego, entendiéndose como ciego a alguien contrario a su pensamiento. Realmente nunca me he considerado alguien opositor al 100% más que nada porque soy de los que consideran ciertos aspectos de la política del gobierno actual como positivos, pero más que nada porque no me gusta caer en extremismos y ser 100% de una cosa, aclaro esto porque luego de semejante aseveración le dije que si por ciego era alguien contrario al gobierno, si lo era y mucho. Luego de hundirse más con una sola oración (“vergaaaa!! q triste por ti....”) nos fundimos en una corta pero intensa discusión que termino por mi parte cuando le pedí que en aras del respeto lo dejáramos hasta allí, y que por favor no me mencionara el tema político ni el religioso, a lo cual estuvo de acuerdo no sin antes lanzar algunos dardos venenosos más antes de terminar su conversación.
Realmente no me molesto el hecho de que no tenga el mismo pensar ideológico que yo, para muestra están mis varios y numerosos amigos partidarios del gobierno y de izquierda con los cuales tengo y siempre tendré una sólida amistad mucho más allá de que estemos o no de acuerdo con ciertas cosas que al fin y al cabo importan poco a la hora de pensarlos como lo que son, mis amigos. Lo que si realmente me hirvió la sangre en ese caso y me hierve la sangre en cualquier momento, es la soberbia de pensar que tenemos la razón y que todos los demás están equivocados solo por no tener los mismos pensamientos.
No quiero sonar hippie, ni tampoco predicar por un mundo donde todos nos demos de la mano como si de una comuna se tratara, pero al menos las diferencias (sean del tema que sea) deberían pesar cada vez menos en aras de un mejor entendimiento como seres racionales que somos. De hecho tampoco me gusta mucho usar la palabra “tolerancia” porque ella implica un sentimiento de aguantarse lo que sea aun pensando que es algo malo. Me gusta más la palabra “entendimiento” porque expresa mejor el que las diferencias que tengamos son ínfimas frente a las semejanzas que tenemos como especie, y que más allá de lo que pensemos o creamos deberíamos tratar de pensar en objetivos comunes que podamos llevar a cabo muy a pesar de lo que podamos en el fondo pensar de con quien llevemos a cabo dicho fin.

2 comentarios:

Eglis dijo...

Mi hermanazo Carlos, muy buen post, aqui te dejo algo...
EL ESTUPIDO CREE QUE SOLO EXISTE LO QUE CONOCE... Florencio Escando

Un abrazo mi librepensador amigo.

Eglis

Anónimo dijo...

Estoy en una residencia de ancianos gestionada por religiosas Salesianas, como ellas entienden no soy adicto al clero, cada día me putean a la hora de las comidas. Días pasados les dí información sobre testamento vital, tengo realizado, donde donaré el cuerpo para la ciencia, donde les digo, no someteran mi cuepo a ceremonia religiosa. Al día siguiente, en el desayuno, me ponen servilleta de paper rojo mientras a todos los demás se las ponen blancas. A continuación les digo, eso es intolerancia irracional. Al día siguiente, la monja directora, va a sermonearme a la habitación por detalles, atra gente han incurrido en descuido. Como me defiendo, al día siguiente me dejan sin comer.
Terminando, en las residencias de ancianos, no se permite objetar, reclamar, discurrir, mucho cuidado con pensar.

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