jueves, 29 de marzo de 2012

Correr antes que caminar... (A Warm Place 2)

Hay mucha gente cuyo miedo al fracaso las hace presas de una especie de fervor por llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias, esto con el único propósito de agotar todos los recursos existentes con tal de lograr dicho objetivo. Esto puede ser loable y admirable en la mayoría de los casos, pero en otros (lamentablemente un gran porcentaje) este sentimiento solo es parte de algo que roza la testarudez y el sentido extremo del logro.
Todo eso lo se porque yo mismo padecía de esto, era alguien que no se conformaba con que algo finalizara en un momento determinado, sino que buscaba de todas las formas posibles prolongar dicho tema el mayor tiempo posible, hasta que la misma realidad me rebotaba y me hacía ver que lo que estaba haciendo no era ni remotamente lo correcto.
Todo esto lo escribo porque estoy por finalizar dentro de poco tiempo un ciclo en mi vida. El sentimiento que tengo en estos momentos es de expectación ante los nuevos retos que deberé afrontar en dicho nuevo ciclo.
La sensación de que ya aporte todo lo que debía aportar y de que en estos momentos lo mejor es buscar nuevos horizontes no es algo nuevo y menos en este tipo de asuntos. Por los momentos y mientras llega el comienzo del nuevo ciclo no me queda sino seguir realizando mi mejor esfuerzo y no dejarme vencer por sentimientos de negatividad que al fin y al cabo no me ayudan, menos teniendo la convicción de que estoy ante el fin de este ciclo.
Y no, no estoy hablando de mi vida sentimental, ese tema pareciera estar muerto por ahora…

domingo, 25 de marzo de 2012

“En este país, mi país, tu país”: El nacionalismo mutante

En los últimos días me he topado con diversas manifestaciones de odio hacia el gobierno y hacia el mismo país (Venezuela) en si, producto de la alta tasa de delincuencia en la que estamos sumergidos y que lejos de disminuir o al menos mantenerse estable, cada día pareciera aumentar y volverse más violenta y caótica.
Hace un tiempo atrás escribí acerca de la manía que tiene mucha gente de querer emigrar a otros países en búsqueda de una estabilidad que aquí no encuentran. En dicho post fije mi posición al respecto afirmando que si bien no compartía ese sentimiento, respetaba a quien pensara de esa forma.
Mi posición al respecto no ha variado desde entonces, solo que últimamente he visto otro fenómeno relacionado un tanto extraño y digno de ver desde diferentes puntos de vista.
La delincuencia es solo uno de los tantos problemas que hoy en día nos agobian a los habitantes de este país, pero más allá de eso hay quienes pregonan un sentimiento nacionalista un tanto raro y cambiante dependiendo del momento en que se les pregunten.
A mí en particular me parece muy curioso el modo de pensar del colectivo en cuanto a la opinión general del país en ciertos momentos. Si se conoce un suceso donde alguien resulta muerto por culpa de la delincuencia seguramente veremos opiniones como “a este país se lo llevo quien lo trajo” o “ya Venezuela es una mierda”; para luego de un tiempo corto o mediano olvidarse de dichas afirmaciones y exclamar a vox populi lo orgullosos que se sienten de vivir en esta tierra, ya sea por un simple evento deportivo o de belleza, o por alguna otra circunstancia diversa. No tengo problema con que la gente tenga cualquier tipo de opinión sobre la situación del país (sea esta buena o mala, he aprendido que las opiniones son algo muy particular que se debe respetar aun con lo fritas que estas sean), mi problema viene cuando estas opiniones son tan cambiantes y moldeables que en realidad nunca puedo conocer la verdadera opinión de esas personas, puesto que opinan una cosa un día y otra cosa días después.
Tampoco quisiera caer en un estado de extremismos, donde la situación del país es completamente buena o mala, no opino así, pero tampoco caer en esos mismos extremismos solo por circunstancias individuales. Ojala las cosas cambiaran positivamente y así las opiniones positivas sean las que prevalezcan y las que realmente valga la pena resaltar, pero soy escéptico de eso suceda.

The Grey: Liam Neeson vs. lo que se venga…

 Que Liam Neeson se convirtiera en héroe de películas de acción en los últimos años, es algo que me sigue sorprendiendo mucho. No lo digo porque piense que carece de cualidades para ello, todo lo contrario, su sola presencia en pantalla y sobre todo su voz (en idioma original claro está) hacen que ese tipo de papeles le calcen como un zapato bien puesto. Es solo que un tipo que hizo que medio planeta se conmoviera de el en “Schindler's List” o en “Love Actually”, o que hizo que en “Kinsey” nos creyéramos cada uno de los planteamientos científicos que en dicha película nos planteaba, y así otros tantos ejemplos; sea ahora un actor cuyo nombre en una película evoque sensaciones de que veremos acción, sangre y tiros.
Pero The Grey (o “Infierno Blanco”, o “Un Día Para Sobrevivir”, títulos bastante estúpidos que le pusieron en España y Latinoamérica respectivamente) no es solo una película de este estilo más, sino que muy aparte de las elaboradas escenas de acción que contiene, este film es uno de los pocos que puede etiquetarse con el calificativo de “película con dos bolas bien puestas” por el tratamiento que da a las reflexiones y sentimientos que en los hombres surgen internamente cuando se está en situaciones extremas.
La trama de la película vista por encima no es nada del otro mundo: un francotirador retirado y de muy malas pulgas (Neeson) trabaja en Alaska en un complejo petrolero cuidando de los animales salvajes a los trabajadores de dicho complejo, en un viaje en avión con estos sucede un accidente y Neeson junto a un variopinto grupo de estos obreros sobreviven y deben hacerle frente a calamidades varias como el frio extremo, la falta de comida, las tensiones que surgen en una situación así y como si no bastara todo esto, tienen que cuidarse de una manada de lobos salvajes que los merodean y que poco a poco se los van comiendo.
llegar 1 semana despues de comenzadas las rebajas en Zara o Armi es conseguir un panorama similar a este...

Lo que pudo haber sido una típica “survival movie” es en el fondo una especie de estudio general de cómo podríamos reaccionar en situaciones extremas, con el aliciente de que no solo vemos las muy típicas reacciones grupales hacia la falta de esperanzas en un escenario como ese, sino que aparte vemos los cambios internos en cada uno de los personajes quienes van reflexionando acerca de sus vidas, todo esto envuelto en escenarios excelentemente filmados (llegando a competir con los de “Into the Wild”) y cada cierto tiempo con tensión gracias a los lobos, personajes que si bien no son el animal más bondadoso del planeta, creo que exageraron un poco al colocarlos a un nivel solo comparable al de las pirañas de las películas ochenteras.
ningun apagon detendria a Liam Neeson de cazar un lobo para una parrilla

Neeson es nuevamente el tipo rudo que salva no solo su pellejo sino el de los demás, no solo te lo crees gracias a su actitud y sus gestos, sino a escenas donde literalmente demuestra su vulnerabilidad más allá de la dura coraza que pareciera representar ante el mundo. Son las escenas donde recuerda su pasado sentimental en contraste con otras (el momento final con el macho alfa) las que en definitiva hacen que su personaje se corone como el protagonista definitivo de la historia.
No es una película perfecta, pero dentro de sus fallas podremos encontrar muchos elementos que la destacan dentro de la muy mediocre cartelera actual. Una demostración del Neeson actor y del Neeson estrella de acción, recomendada sin ningún ápice de arrepentimiento.
Una vez más en la lucha…
en el último combate que conoceré…
vivir o morir este día…
vivir o morir este día…
(verso que juega un papel importante en la trama)
Pd: hay una escena luego de los créditos que redondea el final…

Albert Einstein y la mala fama nuclear

Por estos días sin querer escuche en el tren a dos mujeres charlando de diversos temas sin aparente relación entre ellos, en un momento casi llegando a la estación terminal las oí conversando acerca de Irán, Israel y la aparentemente inevitable confrontación entre estos dos países. Lo que me llamo la atención de dicha conversación fue una frase soltada por una de ellas “…si, ojala Einstein no hubiese inventado las bombas nucleares vale…”
Todo esto me hizo recordar una conversación que tuve hace tiempo con mi gran amiga Joanna (@joannaplux) quien en Twitter dijo algo similar y que por ese medio tuvimos una pequeña, intensa pero satisfactoria discusión acerca del tema, y creí pertinente ampliar lo expuesto esa vez.
Albert Einstein es uno de los muy pocos personajes históricos cuya imagen pública está casi exenta de polémicas y cuyo nombre y semblante evocan universalmente una inteligencia y sabiduría más allá de los estándares. Por esa misma razón, es que me resulta algo contradictorio que a Einstein se le conozca como la raíz de toda la carrera armamentista nuclear, esa que tuvo al mundo en vilo durante la guerra fría y que ahora ha revivido en forma de miedo hacia naciones cuyos puntos de vista fundamentalistas y en pugna parecieran no tener una clara idea de las consecuencias de lo que una confrontación de este tipo traería no solo para sus pueblos sino para el planeta entero.
En 1905, un aun joven Einstein publica lo que vendría a conocerse como su teoría de la relatividad, que en muy resumidas cuentas permitió establecer la equivalencia entre masa y energía y una nueva definición del espacio-tiempo. Varios años transcurrieron para que dicha teoría no solo fuese reconocida por la comunidad científica, sino para que a partir de ella se crearan nuevos campos científicos como la física y mecánica cuántica.
Una de las consecuencias inesperadas de la teoría de la relatividad especial fue la muy famosa ecuación E=mc2, significa que una pequeña cantidad de materia (m) puede convertirse en una gran cantidad de energía (E) al multiplicarse por el cuadrado de la velocidad de la luz, que es un número enorme. La bomba atómica y la energía nuclear son una consecuencia directa de esta célebre fórmula. Las bombas de fisión basan su funcionamiento en la escisión de un núcleo pesado (como el uranio) en elementos más ligeros mediante el bombardeo de neutrones, que, al impactar, producen un nuevo bombardeo de neutrones que alimenta la reacción en cadena. El principal uso del uranio en la actualidad es la obtención de combustible para los reactores nucleares.
Ya consagrado como un pilar del pensamiento científico y en plena segunda guerra mundial, el 2 de agosto de 1939 Einstein le escribe una carta al entonces presidente Roosevelt no solo alertando sobre el poder destructivo que tiene la fusión nuclear ("Una bomba de este tipo, almacenada en un barco y detonada en un puerto podría perfectamente destruir el puerto entero y parte del territorio que le rodea") sino también pidiendo se apoye lo que en ese entonces se conocía como el Proyecto Manhattan que comenzó como un proyecto para  investigar la utilización de la energía nuclear y termino siendo el semillero de la primera bomba atómica. En dicha carta Einstein también advertía la necesidad de ganarle la carrera a la Alemania nazi en lo que a investigaciones de este campo se refiere.
Luego de esa carta, Roosevelt autorizo el apoyo al Proyecto Manhattan, que se encargaría ya no de investigar los usos de la energía atómica sino ya de la construcción de la primera bomba. Dirigidos por Robert Oppenheimer, el proyecto Manhattan culmino exitosamente su propósito en un tiempo record de 2 años, 3 meses y 16 días, abriendo con ello el uso de la energía nuclear con fines militares.
Einstein consciente de su involuntario rol en la creación de la bomba, expreso su pena y arrepentimiento durante el resto de su vida, culpándose además de no haber podido evitar dicho acontecimiento ("Mi pacifismo es un sentimiento instintivo, un sentimiento que me domina porque el asesinato del hombre me inspira profundo disgusto. Mi inclinación no deriva de una teoría intelectual; se funda en mi profunda aversión por toda especie de crueldad y de odio").
Por todo esto me parece un poco insensato culpar a Einstein de tan nefasto logro de la raza humana. Dudo mucho que Einstein mintiera en sus alegorías de arrepentimiento en los años finales de su vida. Culpar a Einstein de la carrera armamentista nuclear es como culpar a Bill Gates de la pornografía infantil en internet, en ambos casos estos hombres solo participaron en la gestación de ideas que luego fueron usadas por otros con fines nada altruistas.
Desde aquí mi reconocimiento a Einstein, quien más allá de sus logros científicos permanece como un símbolo de cordura racional humanista.

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