domingo, 25 de marzo de 2012

Albert Einstein y la mala fama nuclear

Por estos días sin querer escuche en el tren a dos mujeres charlando de diversos temas sin aparente relación entre ellos, en un momento casi llegando a la estación terminal las oí conversando acerca de Irán, Israel y la aparentemente inevitable confrontación entre estos dos países. Lo que me llamo la atención de dicha conversación fue una frase soltada por una de ellas “…si, ojala Einstein no hubiese inventado las bombas nucleares vale…”
Todo esto me hizo recordar una conversación que tuve hace tiempo con mi gran amiga Joanna (@joannaplux) quien en Twitter dijo algo similar y que por ese medio tuvimos una pequeña, intensa pero satisfactoria discusión acerca del tema, y creí pertinente ampliar lo expuesto esa vez.
Albert Einstein es uno de los muy pocos personajes históricos cuya imagen pública está casi exenta de polémicas y cuyo nombre y semblante evocan universalmente una inteligencia y sabiduría más allá de los estándares. Por esa misma razón, es que me resulta algo contradictorio que a Einstein se le conozca como la raíz de toda la carrera armamentista nuclear, esa que tuvo al mundo en vilo durante la guerra fría y que ahora ha revivido en forma de miedo hacia naciones cuyos puntos de vista fundamentalistas y en pugna parecieran no tener una clara idea de las consecuencias de lo que una confrontación de este tipo traería no solo para sus pueblos sino para el planeta entero.
En 1905, un aun joven Einstein publica lo que vendría a conocerse como su teoría de la relatividad, que en muy resumidas cuentas permitió establecer la equivalencia entre masa y energía y una nueva definición del espacio-tiempo. Varios años transcurrieron para que dicha teoría no solo fuese reconocida por la comunidad científica, sino para que a partir de ella se crearan nuevos campos científicos como la física y mecánica cuántica.
Una de las consecuencias inesperadas de la teoría de la relatividad especial fue la muy famosa ecuación E=mc2, significa que una pequeña cantidad de materia (m) puede convertirse en una gran cantidad de energía (E) al multiplicarse por el cuadrado de la velocidad de la luz, que es un número enorme. La bomba atómica y la energía nuclear son una consecuencia directa de esta célebre fórmula. Las bombas de fisión basan su funcionamiento en la escisión de un núcleo pesado (como el uranio) en elementos más ligeros mediante el bombardeo de neutrones, que, al impactar, producen un nuevo bombardeo de neutrones que alimenta la reacción en cadena. El principal uso del uranio en la actualidad es la obtención de combustible para los reactores nucleares.
Ya consagrado como un pilar del pensamiento científico y en plena segunda guerra mundial, el 2 de agosto de 1939 Einstein le escribe una carta al entonces presidente Roosevelt no solo alertando sobre el poder destructivo que tiene la fusión nuclear ("Una bomba de este tipo, almacenada en un barco y detonada en un puerto podría perfectamente destruir el puerto entero y parte del territorio que le rodea") sino también pidiendo se apoye lo que en ese entonces se conocía como el Proyecto Manhattan que comenzó como un proyecto para  investigar la utilización de la energía nuclear y termino siendo el semillero de la primera bomba atómica. En dicha carta Einstein también advertía la necesidad de ganarle la carrera a la Alemania nazi en lo que a investigaciones de este campo se refiere.
Luego de esa carta, Roosevelt autorizo el apoyo al Proyecto Manhattan, que se encargaría ya no de investigar los usos de la energía atómica sino ya de la construcción de la primera bomba. Dirigidos por Robert Oppenheimer, el proyecto Manhattan culmino exitosamente su propósito en un tiempo record de 2 años, 3 meses y 16 días, abriendo con ello el uso de la energía nuclear con fines militares.
Einstein consciente de su involuntario rol en la creación de la bomba, expreso su pena y arrepentimiento durante el resto de su vida, culpándose además de no haber podido evitar dicho acontecimiento ("Mi pacifismo es un sentimiento instintivo, un sentimiento que me domina porque el asesinato del hombre me inspira profundo disgusto. Mi inclinación no deriva de una teoría intelectual; se funda en mi profunda aversión por toda especie de crueldad y de odio").
Por todo esto me parece un poco insensato culpar a Einstein de tan nefasto logro de la raza humana. Dudo mucho que Einstein mintiera en sus alegorías de arrepentimiento en los años finales de su vida. Culpar a Einstein de la carrera armamentista nuclear es como culpar a Bill Gates de la pornografía infantil en internet, en ambos casos estos hombres solo participaron en la gestación de ideas que luego fueron usadas por otros con fines nada altruistas.
Desde aquí mi reconocimiento a Einstein, quien más allá de sus logros científicos permanece como un símbolo de cordura racional humanista.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

uno de los hombres mas importantes de la historia sin lugar a dudas, eso no se discute con nadie simplemente se sabe y que cada quien diga lo que quiera. su legado vivira mas que la ingnorancia.

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