martes, 24 de abril de 2012

Jely, mi amiguita (2)

Mucho he escrito acerca de mi relación como padre con mi hija Jely, mucho he dicho acerca de lo cercanos que nos sentimos uno del otro, mucho he evidenciado no solo las anteriores premisas sino muchas más que no podría expresar con palabras, pero más allá de lo que pudiera escribir contando anécdotas al respecto, es en momentos claves de mi vida como los que vivo ahorita donde lo solida de dicha relación paternal se evidencia más que de costumbre.
Como lo he expresado últimamente, paso en estos momentos por circunstancias en mi vida que me han llevado a replantearme seriamente algunos aspectos de la misma. Ya que la idea es el cambio (no cambio per-se sino que sea para bien) he estado moviéndome en ese sentido para lograr cumplir dicha premisa de cambios, con todas las satisfacciones y dificultades que eso amerita.
Todo esto lo digo de esta forma porque cuando he tenido que pasar por sinsabores en post de esos cambios para bien, no he digamos exteriorizado fácilmente las dificultades que se me han presentado. No soy una persona demasiado expresiva en ese sentido y generalmente me gusta contar mis problemas a mis seres allegados solo cuando estos ya están solucionados o al menos tienen una solución en proceso. No con esto me quiero declarar cerrado a conversar de mis problemas pero si muy poco dado a expresar mis penas por ellos.
Todo esto sin embargo ha ido cambiando desde hace un tiempo para acá, teniendo a Jely como mi apoyo principal en ese sentido sin siquiera buscar que pasara de esa forma. La madurez de su persona ha hecho que confíe en ella para contarle cuando me sucede algo (aparte de que ella muy fácilmente se da cuenta si eso es así). No solo es dada a escucharme y apoyarme sino que ha aprendido a inmiscuirse en la medida de las necesidades que tenga, a escuchar más que a soltar consejos a diestra y siniestra y a brindarme apoyo físico en forma de abrazos y mensajes positivos.
Esto podrá no parecer gran cosa para gente que tiene en sus parejas y similares un apoyo similar, pero para mí que estoy solo en ese sentido ahorita (y siendo honestos tampoco recibí mucho de ese apoyo de mis novias en el pasado) es vital y necesario.
Ella siempre ha recibido esa cuota de amor-apoyo-amistad de mi parte y me contenta saber que ella ha sabido aprender de ello y entregarlo no solo a mí, sino también con sus amigas ya que se ha convertido en la terapeuta no oficial de su grupo amistoso.
¿Lo mejor de todos estos días? Algo que me dijo y que me llego muy hondo: “tú no eres solo mi papá, eres mi mejor amigo…”

1 comentarios:

Andrea Quintanilla dijo...

Es que las relaciones de padres-hijos deberían ser abiertas. Felicidad de que la relación con tu niña sea así ;)

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