sábado, 30 de junio de 2012

La percepción de la realidad o de lo que creemos y sentimos es la realidad…

¿Has tenido días donde la mera existencia te produce pesadez y hasta desidia? ¿Acaso no ha habido días donde por el contrario todo te parece bello y hermoso aún bajo las más inverosímiles y extrañas situaciones y escenarios?, pues resulta que ni eres la única persona pasando por la misma situación, ni tampoco es algo que sea grave si la comparamos a otros.
Existe gente cuya percepción de la realidad se mide por lo que estén pasando o sintiendo en determinados momentos de su vida, cosa bastante ilógica por cualquier lado que se mire. Por ejemplo  existen personas sumergidas en estados de depresión tan graves que todo lo que les rodea está mal, el mundo (con todo lo bueno y malo que existe, desde cualquier punto de vista) es simplemente una mierda, y no hay cosa buena que les pase o llegue que les haga cambiar esa percepción. Por el contrario, existe gente cuya alegría los arropa tanto y de una forma tan arrolladora que tienden a olvidar las cosas malas que puedan estar pasando o que tengan alrededor, cuando no es que simplemente no las ven de ese modo y comienzan a distorsionar una realidad bajo el manto de alegría que los cubra en ese momento.
Si me preguntan por supuesto prefiero el segundo caso con creces al primero, porque es más fácil bajarse un poco de la nube de la alegría independientemente de que la produzca que salirse del foso que una situación triste nos pueda causar. En cualquier caso, la percepción de una realidad distorsionada por estos factores lejos de ser algo para aplaudir nos debería llamar la atención de como los sentimientos pueden afectarnos de muchas maneras sin que estemos plenamente conscientes de donde estamos parados en realidad.
¿Y qué hacer entonces? Metafóricamente hablando, mantener un pie en la tierra mientras el otro flota o se hunde es en mi opinión la mejor forma de que esos sentimientos no nos hagan apartarnos de una realidad que por más buena o mala que pueda ser, no deja de ser eso: real, una condición que en estos tiempos virtuales es cada vez más preciada y menos vista entre mucha gente que irónicamente se precia de ello.

sábado, 23 de junio de 2012

Casa de mi Padre: "Will Ferrell in spanish? you got to be kidding me!"

Romper esquemas establecidos es algo que en el arte está bien visto y es hasta valido que se haga. Los resultados de eso pueden devenir en algo digno de halagos y elogios o en malos trabajos que marcan y arruinan carreras. Cuando tienes una película hecha por Hollywood hablada casi completamente en español y protagonizada por un actor tan gringo como una cheeseburger, sabes que estas frente a algo que no se ve todos los días.
Casa de Mi Padre es una extraña muestra de lo anteriormente descrito, donde Will Ferrell y un puñado de actores latinos, recrean en modo de parodia los más reprochables y característicos clichés de las novelas y películas mexicanas (concretamente las hechas entre los años 60 y 80 excluyendo así la llamada “época de oro” del cine mexicano), todo esto aderezado por escenas de acción rodadas más a un estilo actual y un humor que juega mucho burlándose de la idea que tienen los estadounidenses acerca de los mexicanos y viceversa.
Casa de Mi Padre cuenta la historia de Armando Alvarez (Will Ferrell) un sencillo hombre del campo dedicado a la hacienda familiar quien con la llegada de su hermano (Diego Luna en un papel exageradamente mexicano) y su prometida (Genesis Rodriguez, hija del “Puma” José Luis Rodríguez) prometiendo sacar a la hacienda y a la familia de los percances económicos que sufren, sin saber estos que tras esas promesas se esconden sucios tratos con un despiadado narcotraficante (Gael Garcia Bernal, menos exagerado que Luna pero aun así excesivo), todo esto por supuesto con su dosis de drama (Armando termina enamorado de la prometida de su hermano), giros inesperados y situaciones borrascosas más dignas de Delia Fiallo que de una película mainstream.
filmada en escenarios tan naturales como los del Chapulin Colorado...

Hay que estar claro que al igual que en sus anteriores trabajos, la película está pensada y concebida casi exclusivamente para el lucimiento de Will Ferrell, lográndolo con creces. Su español (muy aparte de la forzada erre que a todo gringo le cuesta pronunciar del modo latino) es casi perfecto, independientemente de si sabía en realidad que estaba diciendo o si solo leía chuletas con lo que debía hablar en sus escenas, eso de por si es el causante de muchas carcajadas ya que como decía al principio salirse de los esquemas puede producir reacciones extremas entre nosotros los espectadores.
No solo los dramas de las novelas son parodiados aquí, sino también tomas y formas de filmar que tenían las infames películas mexicanas en la época anteriormente descrita, donde aparentemente sin quererlo se cambiaban los encuadres y se hacían zooms extraños quedando estos en el montaje final (créanme, yo si vi películas mexicanas así de mal hechas), aparte de una secuencia onírica descaradamente sacada de las más fumadas escenas rodadas por ese genio bizarro que es Alejandro Jodorowski, escena que tuve que ver dos veces porque la primera no podía abrir los ojos de la risa.
Sin embargo, tanto chiste forzado hace que la película no tenga mucho más allá de un tímido aprobado. Pudieron haberle sacado más provecho a los diferentes secundarios que durante la trama se pasean por la película y tal vez no se hubiese hecho tediosa como si se hizo al final.
 de seguir asi, Ferrell tendra un papel seguro en la secuela de The Expendables

En tiempos donde la comedia es un género con pocos filmes que realmente destaquen, Casa de Mi Padre merece al menos una oportunidad por su curioso planteamiento. Sí, es muy estúpida la mayoría de su metraje, pero la disfrute y me reí mucho más que con recientes  “comedias” forzadas a las que me he sometido su visionado.
BONUS: para que los sentimientos patrióticos afloren, hay una escena épica donde “nuestro Puma José Luis Rodríguez” en persona aparece cantando, solo ver esa escena hace que valga la pena ver la película al menos una vez.
Para quien quiera una muestra, aquí está el tráiler…

sábado, 16 de junio de 2012

¡Critiquemos a los come-perros mientras me como un Big Mac!

Desde que la internet paso a ser lo que se denomina como Web 2.0, la barrera entre quienes escriben y quienes leen lo que en ella se encuentra se hizo cada vez más inexistente, hasta el punto de que comenzamos a ver las reacciones y comentarios de los lectores como algo indispensable en una publicación que coloquemos en este medio.
Las webs de noticias han sido en mi opinión, las que más se han beneficiado y perjudicado con esto ya que al poder comentar cualquier noticia que en ellas se publiquen, hemos visto una literal tormenta de opiniones estúpidas venidas de gente normal con acceso al internet. De todas ellas las que a mi particularmente me han llamado la atención son aquellas que se postean en cualquier noticia que hable de los hábitos alimenticios de la gente en Asia, particularmente de los chinos/japoneses/coreanos, quienes como cultura tienen como costumbre cocinar y comer animales que aquí en este lado del mundo se consideran meras mascotas, intocables desde el punto de vista alimenticio.
Que en China coman perro no nos debería decirnos otra cosa que en China comen perro, nada más, pero basta y sobra que se nos recuerde ese hecho para que las tribus fanáticas de la polémica en cuanto al tema animal comiencen a avivar una pelea a todas innecesaria, proclamando una superioridad intelectual, moral y espiritual que solo queda en palabras. Llamar “inmorales”, “cochinos”, “asesinos” y otros epítetos a la gente en Asia por cocinar y comer perros es simplemente erigirse como superiores frente a un continente entero que lleva varios siglos demostrando superioridad en aspectos como tecnología, trabajo y organización.
Pero no solo existen aquellos quienes insultan, también existen otros quienes con argumentos sacados quien sabe de dónde justifican sus explicaciones. Así he leído cosas como “los perros son también hijos de dios y su mirada compasiva solo demuestra que esa gente no tiene alma para matar”. ¿Acaso las reses, cerdos, pollos y demás animales que consumimos masivamente no serían en todo caso hijos de dios bajo esa percepción? ¿Qué caso tiene criticar que en China coman perros si aquí comemos otros animales?
Para quien no lo sabe, en India las vacas y el ganado en general son considerados sagrados, manifestaciones en la tierra de los mismos dioses. Para tener una idea, según me conto mi compadre Luis Ernesto (documentado con todo y fotos) en India las vacas y toros están libres por las calles como aquí vemos a los perros, ya que matar una res en ese país es considerado un delito. Habría que  preguntarle a un hindú como nos perciben allá por comer animales que en esa tierra consideran sagrados.
No digo que se deje de criticar en forma jocosa por un rato (yo mismo lo he hecho), pero de allí a erigirse como un bastión de una moral tan débil y con argumentos tan vacíos defendiendo algo tan superfluo como que se debe comer y que no, pues me parece algo absurdo. Si vas a defender algo por lo menos ten la bondad de argumentarte mejor y no solo emitir opiniones solo porque algo te parezca bonito o feo solamente.

sábado, 9 de junio de 2012

Juan of the Dead: zombies en "el mar de la felicidad"

Una de las cosas que la gente suele suponer de mi persona es que por mi nick (y nombre del blog) soy una especie de erudito del cine de terror y más que nada del género zombie. Si bien es cierto que me gustan las películas de zombies, también es muy cierto que por la inmensa cantidad de películas malas de zombies que existen no las veo todas, creo que las de George Romero (aun cuando las últimas dos han sido basura visual), las muy mainstream y las muy viejas (70’s-80’s) son las que puedo ver con sumo gusto, amén de una que otra bizarrada que encuentre y me llame la atención, como en este caso.
Juan of the Dead es una película cubano-española cuya historia no se diferencia mucho de lo que pudiéramos llamar “trama clásica” de las películas de zombies (invasión, supervivencia, escape, etc.) con el aliciente de que la historia transcurre en Cuba, una literal dimensión paralela para asuntos que a nosotros nos parecen cotidianos y a ellos algo extraordinario.
La película nos cuenta la historia de Juan, un cuarentón que vive en La Habana realizando cualquier trabajo mínimo en apariencia para no ejercer mayores responsabilidades más allá de las sencillas. De un día para otro (y en medio de una pelea familiar entre Juan y la familia de su ex esposa) comienzan a emitirse en el noticiero de la televisión oficial reportes acerca de un virus que está haciendo caer a varios cubanos, y que no descartan sean una artimaña de los Estados Unidos contra el gobierno revolucionario (primer ujum….). Lo demás es lo más clásico mostrado en cientos de películas: la incredulidad de que lo que pasa sea algo grave, la supervivencia en las calles infestadas de zombies, la búsqueda de suministros y el final razonamiento de que lo mejor será escapar a otros sitios menos afectados con la invasión. Todo esto aderezado por la “ingeniosa” idea de Juan de convertir la invasión zombie en un negocio, ofreciéndose a matar a los familiares y amigos convertidos en muertos vivientes por un módico precio, además de las limitaciones que un lugar como Cuba pudiera en una situación así subir (agua, comunicaciones, etc.) aunque extrañamente la electricidad nunca falta ni siquiera en una etapa avanzada donde ese servicio estaría más que muerto.
 caminar por el centro de Charallave un domingo por la tarde no es muy diferente de esta imagen

La película no pretende ir mas allá de la parodia y la acción, y en eso se basa su éxito: no tomarse en serio a sí misma. Así podemos ver genialidades inventadas por el bajo presupuesto como una pelea con una horda de zombies en la plena oscuridad de un sótano (donde si fallo la electricidad) o los muy elaborados maquillajes de los no-muertos, junto a chaborradas explicitas como la conveniencia o no de que los zombies sean lentos o rápidos según lo demande el momento y sin ningún control, amén de la aparición de un personaje tan disparatado como su llegada (el gringo), toda una genialidad (¿) de entrada.
de un tiempo para aca, los seguidores del Che Guevara son cada vez mas extraños y entregados a su causa

Algo que si me sorprendió es el humor con que la película trata el tema de las reacciones del gobierno ante una situación así, siempre describiendo la situación como un intento desestabilizador del imperio, y llamando a los zombies “anarquistas” o “antisociales” en los noticieros. No sé si es que esta versión que vi no es la que verán los cubanos o es que por fin se están abriendo al humor político en la isla de los Castro.
Finalmente no puedo terminar sin alabar la escena final, la cual aparte de poco esperada esta tan bien rodada y musicalizada que no pude dejar de sonreír viéndola, ojo atento al ultimísimo chiste de la película, en forma de mensaje en la franela que viste uno de los zombies.

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