domingo, 12 de mayo de 2013

Jely: Padre de lejos

Han pasado ya algo más de 7 meses desde la mudanza de Jely. Decir que mi vida ha dado un vuelco total debido a eso es quedarme corto frente a lo que fue mi vida antes y después de su llegada y lo que es ahora que no está cerca como antes.
Existen en la vida acontecimientos que hacen que uno cambie de forma radical, estos suelen venir casi siempre de forma inesperada y solo vemos las consecuencias de los mismos luego de pasado un tiempo. En este caso, si bien no fue algo fortuito ni inesperado (yo sabía que esto venía desde hace casi dos años) jamás pude prever cuanto iba a afectarme a pesar de que quise prepararme mental y anímicamente para cuando  llegara el momento no me pegara tanto.
Durante los primeros días de su mudanza llamaba a Jely un promedio de 5 veces al día, así fuesen 5 minutos o por razones estúpidas y sin sentido. Cuando logre regalarle un Smartphone la comunicación fue un poco más fluida y sin necesidad de tanta llamadera, pudiéndonos compartir imágenes y notas de voz.
Sin embargo por más que la comunicación fuese constante nunca lograba sentir realmente que teníamos una relación padre-hija tan fluida como cuando ella estaba aquí. No fue sino hasta hace muy poco, cuando a raíz de un problema que ella tuvo y la solución que muy maduramente implemento, que realmente volví a sentirme de nuevo necesario en su vida. Si, sé que es estúpido sentirse así cuando en el fondo uno sabe que un vínculo tan fuerte existe, pero en la realidad la sensación de que uno mismo “no está aún estando” es frustrante y no deja de salir de uno mismo por más lógica que uno trate de aplicarle al asunto.
Como pasó en el pasado, nuestra relación mejoro a raíz de un problema y su solución, además del apoyo que desde acá lejos yo puedo brindarle más allá de simples palabras. Es duro no tenerla acá conmigo todos los fines de semana como antes, pero oírla y saber y sentir que está bien (mas sintiéndolo que oyéndolo) me hacen al menos estar más tranquilo frente a una realidad que está allí y que lo que menos puedo y debo hacer es ignorar. Jely seguirá siendo mi hija así este en China o la Antártida, y yo seguiré siendo su padre y queriéndola así pasen los años, las vidas y cualquier otro factor que pueda separarnos.

1 comentarios:

Reybert dijo...

Siempre he pensado que las personas que más deberían abundar en el mundo son aquellos cuyo cariño por sus hijos supera barreras de tiempo y espacio. Y por testimonios que yo mismo he visto, en la mayoría de los casos, los hijos de estas personas crecen conservando los mejores valores que sus padres les han inculcado. Es probable que entre la melancolía que puedas sentir cuando extrañas a tu hija se cuele alguna visión positiva de la situación, pero, ¿qué puede ser positivo si tienes lejos a un ser tan querido? yo creo que al tenerla lejos estás dándote cuenta (aún más) del valor que tiene un hijo, esto a futuro te enseñará a valorar y aprovechar al máximo cada momento que tengas con ella, lo cual te hará mejor padre del que ya eres. ¡Vamo nene!

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