viernes, 21 de junio de 2013

Man of Steel: el fiasco de acero

Era la película más esperada, la que más expectativas género. Los trailers eran grandiosos, no iba a ser muy difícil superar a su predecesor intento de llevar al personaje al cine (Superman Returns), tenía a Christopher Nolan de productor y “padrino”, tenía a Zack Snyder como director, montañas de dinero invertidas… y salió mal!!! Qué coño paso???!!
La palabra “hype” (ese término gringo que adoptamos para llamar a las expectativas exageradas que le imprimimos a algo en particular antes de siquiera verlo por vez primera) queda corta para lo que se creía iba a ser esta película, y si bien la película cumple de sobra su cometido en el aspecto técnico (increíbles las escenas de los vuelos de Superman y sobre todo la pelea final en Metropolis), toda la trama y subtramas que prometían mucho en los trailers quedaron como algo que quiso y no se pudo, o no se quiso poder. La culpa la tienen Nolan, Snyder y Goyer quienes prometían una aproximación del personaje “lo más real posible”, en contraste directo con lo que hizo Bryan Singer con su “Superman returns”, una versión clásica del hombre de acero que desentona completamente con los tiempos que vivimos y con los personajes de comics llevados al cine desde los Batman de Tim Burton. También la culpa la tenemos nosotros, creando expectativas exageradas con muy poco, confiando en los trabajos previos de los involucrados.
La historia es la misma de antaño: Kal-El es sacado de Krypton por su padre Jor-El antes que el planeta se consuma en una destrucción total (esta vez matizada en un mensaje ecológico que lejos de hacernos pensar da risa y pena ajena) es enviado a la tierra y criado por la familia Kent en Kansas, crece como alguien normal dentro de lo que cabe y ya siendo adulto comienza a descubrir por completo sus poderes y a plantearse por qué esta en este planeta. Si bien la historia es enriquecida con matices mucho más maduros que en otras interpretaciones del héroe, toda esa reflexión que alguien como Superman haría de ser real, quedan en un par de escenas con Russell Crowe (uno de los pocos que salva la patria en cuanto a actuación en esta película) y a uno que otro chiste que se lanza Superman acerca de su naturaleza y lo que considera es su misión acá.
momentos donde efectivos del SEBIN llevan detenido a Superman luego que Nicolas Maduro lo acusara
de ser el responsable de la desaparicion del papel tuale

En cambio tenemos en “compensación” escenas épicas de peleas entre Superman y los demás kryptonianos en su misma condición de seres poderosos, no en balde son estas escenas las que terminan salvando la película del desastre total, algo que se creía podía pasar pero algunos albergábamos las esperanzas de que no fuese así.
a esta foto le caeria muy bien el logo de BRAZZERS (y seguro seria una pelicula con mejor trama)

Tal vez se deberá juzgar mejor a “Man of Steel” una vez que salga su secuela, porque al igual que “Batman Begins” (también de Nolan) esta no gano puntos sino luego de que “The Dark Knight” surgiera y nos bofeteara a todos por sorpresa. Mientras eso sucede “Man of Steel” se apunta como una de las mayores decepciones del cine en este 2013 (y vaya que tiene competencia). Por lo pronto no me dan ganas de volverla a ver sino en alguna madrugada que TNT la transmita sin parar por un mes seguido, de resto me abstengo.

miércoles, 12 de junio de 2013

En defensa de la grosería

¿Quién no dice groserías hoy en día? Seguramente algún obsesionado con los números podría darnos una cifra pero creo que casi la totalidad de los adultos dice al menos una mala palabra al día, hablada o pensada pero está allí.
Como su nombre lo indica, este post va dirigido a revindicar a las malas palabras como algo necesario e injustamente valorado. Evidentemente que no es ni remotamente mi idea instaurar catedra exigiendo que la grosería sea usada por todos y para todo, pero tampoco ser objeto del escarnio al que últimamente la he visto ser sometida.
¿Alguien recuerda en su infancia aquel placer que significaba decir una grosería? Yo si lo recuerdo, y era algo sublime que solo podría compararlo con el placer de querer hacer algo que no debemos pero podemos. ¿Por qué perdimos eso? Algunos dirán que las malas palabras son herramientas de un pobre vocabulario, ¿pero acaso un “cáspita” o “recorcholis” le van a ganar a una sonora mentada de madre cuando nos golpeamos sin querer?
Yo si digo muchas malas palabras, o mejor dicho, palabras que son consideradas malas por la mayoría. También maldigo mucho a manera de catarsis o desahogo, ¿acaso estoy mal y no me he dado cuenta? Porque al fin y al cabo cuando me sale hablar de esa forma lo hago consciente de mis actos y no impulsado por algún ente maligno.
Pero si algo me genera más repulsión que el rechazo a las malas palabras (rechazo que a pesar de no tener lo entiendo o al menos eso creo) es la manía de mucha gente de “disfrazar” groserías empleando otras palabras inconexas con las mismas. Así podemos oír o leer abominaciones como “confiro”, “vercia”, “cara…melos”, “mier…coles”, “berro” entre muchas otras, o sino frases estúpidas como “una patada por el… palto” la cual critique airadamente hace poco tiempo.
Como dije mi intención no es generar polémica gratuita sino más bien exponer las razones por las que las groserías si nos sirven a muchos sin llegar a ser más que palabras tontas que decimos en momentos específicos.

(Valga decir que este post está libre de groserías y malas palabras adrede)

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